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Voz del monte

Habló el igual entre la multitud.

Qué clase de persona es ésta, que anda liviano por la vida, que aletea sin deudas ni carga, que no se inclina ante caudillos ni banderas, que se levanta por la mañana sabiendo que es de mañana y entra en esa mañana sin pensar en la tarde, que elige ir sin llegar, que no necesita más de lo que provee la dignidad. Que si se vuelve ansiosa, es para que las cosas lleguen y no para que pasen. Que no le pesa más el lunes que el viernes ni el mayo que el noviembre. Qué clase de persona es ésta.

Y desde lo profundo del monte llegó otra voz, dirigiéndose al mismo sujeto.

Qué clase de persona sos, que todavía te creés el reflejo que te mira desde el fondo del claro entre la tapia. Vos no sos ese reflejo, pero sí ese reflejo sos vos. Estás tan lleno aún que el vacío de la libertad todavía muy lejos te queda, aunque el igual entre la multitud te vea liviano a través de sus ojos tan enajenados.

Todavía hay amor y odio, todavía hay orgullo y vergüenza.

Todavía hay patria y su fruto: la segregación.

Todavía la unidad está lejos, tal vez más allá de esta vida.

Maximiliano Leo.

del julio al timbó (97) del julio al timbó (94) del julio al timbó (92) del julio al timbó (91) del julio al timbó (90) del julio al timbó (89) del julio al timbó (87) del julio al timbó (85) del julio al timbó (79) del julio al timbó (71) del julio al timbó (67) del julio al timbó (66) del julio al timbó (65) del julio al timbó (63) M2E1L0-12R350B300 M2E1L0-7R350B300 del julio al timbó (53) del julio al timbó (52) del julio al timbó (50) del julio al timbó (49) del julio al timbó (46) del julio al timbó (45) del julio al timbó (42) del julio al timbó (41) del julio al timbó (34) del julio al timbó (33) del julio al timbó (31) del julio al timbó (30) del julio al timbó (29) del julio al timbó (28) del julio al timbó (26) del julio al timbó (25) del julio al timbó (22) del julio al timbó (21) del julio al timbó (20) del julio al timbó (12) del julio al timbó (10) del julio al timbó (8) del julio al timbó (6) del julio al timbó (4) parque-nacional-islas-de-santa-fe-91 copia Escudo de la Casa del Monte.

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COMO EL CAMALOTE

—Cuánto por hacer…

—No. Estás equivocado. Nada por hacer, sólo por ser.

—¿Cuánto por ser?

Cansado de tanta derrota, de tanto derroche de hacer, de tanto por migas, de tanta retórica y exposición para torcer la voluntad de tan poco.

Cansado de enfrentar la naturaleza humana, se aprende que la desesperanza lleva a la resignación y que hay lo lúgubre en esa resignación. Lúgubre carente de brillo y vida, de oscuridad y nada. Pero casi imperceptible, casi nada… hay en lo que no brilla el haz ínfimo que logra atravesar donde está la gotera, la hendija, la grieta, el ladrillo mal pegado.

Hay la luz en el haz minúsculo. Y aunque no parezca, aquella enorme claridad que se fue desvaneciendo tras cada derrota, está compuesta por el mismo nutriente que mantiene siempre vivo al pequeño haz de luz.

¿Dónde sembrar? ¿En la oscuridad de la derrota y el desprestigio, ahí donde la naturaleza humana nos empuja al corromper o desertar, o buscamos en el haz que no hace más que iluminar el paso siguiente?

¿Dónde buscar? No hay buscar… hay no buscar, sólo andar por donde no se necesitan esfuerzos.

Nada hace el camalote. Y como nada hace, florece… y después tapea.

——–

Texto: Maximiliano Leo.
Fotos: Pamela Ramírez Reyes y Maximiliano Leo 
Fuentes de inspiración y plagio: Las islas, los humanos adultos y el Tao te king de Lao Tse.
 

puerto gaboto (1) Recolectando zarza y toratay.

puerto gaboto (2)

Emú emú en retirada.

puerto gaboto (3)

Monte espeso.

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Arroyo adentro junto al Parque Nacional Islas de Santa Fe.

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El jardín del edén.

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Novias leves del azul.

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Timbóes colosos entre el pajonal.

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Humedal adentro.

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Paz al final del día.

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Mburucuyá miní.

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La playa más hermosa del mundo.

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Lo que es pregunta en la respuesta.

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El Bellaco.

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Pizza casera con salsa de camalote.

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El camping más lindo de Gaboto.

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Reservas de agua dulce.

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Espuma de chicharritas.

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Dura la vida del kayakista.

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Embalsado.

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Florecieron las cabombas.

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Nuestro jardín subacuático de agua mineral.

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Síi. La islas.

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Repentina floración de la verdolaga.

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Macá pico grueso.

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Macá grande adulto.

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Macá grande niño.

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Embalsado sospechoso.

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Espinero grande.

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El jardín de los senderos que se bifurcan.

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Por probar el vino y el agua salada.

puerto gaboto (35)

PARA OLVIDARSE DE SER REY Y SER FELIZ.

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No puede ser tan hermoso.

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Colores del volver a casa de cada tarde.

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El monte oscuro.

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Antes del último cruce, matecitos y jugar por última vez.

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El río… la fuente de vida del pueblito costero más hermoso del mundo.

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FINAL DE LOS MARTES

Vi mis pies cansados, alternaban pasos para volver a casa, pisando ripiado y barro, pasando junto a la zanja. La luna ya estaba gigantesca y alumbraba entre los palos borrachos del Coronda… caminaba descansando por fin, trece horas después de salir esta mañana. Cansancio que pesa, cansancio que integra, cansancio que digna, cansancio que alivia, cansancio de ir volviendo a casa…

…y no sé si fue por la noche cálida, por las ranas que cantaban, por lo largo de las sombras de tener pocos faroles detrás y una luna gigantesca delante…

…no sé qué extraña mezcla se dio en ese momento, que me vi caminando lejos o bajando de una montaña, tal vez llegando a la zona de acampe de un lago del sur o caminando una huella rural, pero la pala al hombro se volvió mochila y me vi lejos, terminando un día de viaje…

Qué hermosos son los atardeceres de martes en Gaboto.

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HOY EN EL PASADO

Cuando veo imágenes de un pasado no tan lejano, de ésos que todavía tienen olor a fresco, trato de imaginar qué cosas se parecían a «problemas»:

—Mirá qué bien que estábamos y tanta mala sangre nos hacíamos por esto, por lo otro. Qué pérdida de energía y tiempo.

Y si hoy dejara de ser el hoy y pudiéramos verlo desde el mañana. ¿Da para preocuparnos tanto por todo eso de turno que sabemos pasajero?

—¿Qué hacés, muchacha?
—Disfrutando del hoy como un ayer.
—¿…?
—Me paro en 2020 para entender qué zonzeras me distraían allá por aquel hoy.
—Solazo el de hoy.
—Qué bueno aquel día de calor allá en la playita, lejos de la civilización.
—¿Mate?
—Ni hablar de lo rico que estuvieron aquellos mates que estás por cebar.

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SEMILLAS ERRABUNDAS

1)      Texto introductorio.

2)      Imágenes del viaje.

3)      Listados de especies observadas.

 

1) Semillas errabundas.

 

Todo lo que ha florecido y madurado entre los equinoccios, ha encontrado un solsticio de aguas infladas para desparramar semillas. Es el tiempo de otra gran migración de las plantas, dejando cada vez más atrás aquella década ocre de padecer pastoreos descontrolados, incendios de pastizales y estiajes prolongados que consiguieron cubrir cada grieta con una escobadura. Tiempo de renovales de ceibo, ingá y timbó… ¿quién diría que iban a volver? Sí… están  otra vez… otra vez soñamos con una isla que se reforesta sin la mano nuestra.

 

Como una semilla más, es tiempo de vestirnos de centauros paranaceros, de ponernos el traje más lindo: el kayak, y migrar junto a esas semillas que buscan los albardones altos que apenas se asoman entre los extensos espejos de agua dulce.

 

Así partimos, celebrando los días de dejar atrás la posta de Capricornio, en busca de lo que anda y quiere hacerse ver delante de nuestros ojos curiosos.

 

El recorrido fue algo así, y digo «algo así» porque de tan desconocedor he puesto nombres entre comillas, inventados durante y por el viaje: Coronda, Cañitas, Paraná Viejo, canal, Damajuana, Barrancoso, «Laguna de las Nutrias», «Cerrito Solo», Barranca, Timbó Colorado, «Frente del Carrizal», Caballo, Timbocito, Paranacito, Tabaco, «La Islita que se Inunda», «Cerro Gigante», «los Meandros de la Soledad», Mangas, Barrancoso, Malo, canal, Saco, Lago, Paraná Chico, Ternero. Cuánto de andar atravesando agua que todo ha cubierto, cuánto por conocer, por bautizar, por agradecerle al río viejo que trae mucho más de lo que se lleva.

 

2) Imágenes del viaje.

 

 


3) Listado de vertebrados observados durante el viaje (excepto peces):

 

Reptiles:

 

  1. Tortuga de río Phrynops hilarii
  2. Culebrita verde Philodryas olfersii

 

Anfibios:

 

  1. Rana criolla Leptodactylus latrans
  2. Ranita de Zarzal Hypsiboas pulchellus

 

Mamíferos:

 

  1. Nutria Myocastor coypus
  2. Lobito Lontra longicaudis
  3. Carpincho Hydrochoerus hydrochaeris
  4. Zorro montaraz Cerdocyon thous
  5. Murciélagos (sin identificar)

 

Aves:

 

  1. Macá chico Podiceps Rolland
  2. Macá Grande Podiceps major
  3. Aninga Anhinga anhinga
  4. Biguá Phalacrocorax olivaceus
  5. Garza Mora Ardea cocoi
  6. Garza Blanca Egretta alba
  7. Garcita Blanca Egretta thula
  8. Garcita Bueyera Bubulcus ibis
  9. Cuaco Nycticorax nycticorax
  10. Tuyango Ciconia maguari
  11. Bandurria Plegadis chihi
  12. Chajá Chauna torquata
  13. Pato Barcino Anas flavirostris
  14. Pato Cuchara Anas platalea
  15. Pato Capuchino Anas versicolor
  16. Pato Crestón Netta peposaca
  17. Pato Silbón Amazonetta brasiliensis
  18. Caracolero Rostrhamus sociabilis
  19. Gavilán Planeador Circus buffoni
  20. Taguató Buteo magnirostris
  21. Aguilucho Colorado Heterospizias meridionalis
  22. Carancho Caracara plancus
  23. Chimango Milvago chimango
  24. Carau Aramus guarauna
  25. Gallineta ipacaá Aramides ypecaha
  26. Gallineta Rallus sanguinolentus
  27. Pollona Negra Gallinula chloropus
  28. Gallito de agua Jacana jacana
  29. Tero real Himantopus melanurus
  30. Tero Común Vanellus chilensis
  31. Becasina Gallinago gallinago
  32. Gaviota Capucho Gris Larus cirrocephalus
  33. Atí Phaetusa simples
  34. Gaviotín Chico Común Sterna superciliares
  35. Paloma Picazuró Columba picazuro
  36. Paloma Manchada Columba maculosa
  37. Torcaza Zenaida auriculata
  38. Torcacita Columbina picui
  39. Yerutí Leptotila verreauxi
  40. Cotorra Myiopsitta monachus
  41. Pirincha Guira guira
  42. Ñacurutú Bubo virginianus
  43. Alilicucú Megascops choliba
  44. Atajacaminos Tijera Hydropsalis brasiliana
  45. Martín Pescador Grande Ceryle torquata
  46. Martín Pescador Mediano Chloroceryle amazona
  47. Martín Pescador Chico Chloroceryle americana
  48. Carpintero Real Colaptes melanolaimus
  49. Carpintero del Cardón Melanerpes cactorum
  50. Carpintero Bataraz Chico Picoides mixtus
  51. Carpinterito Picumnus cirratus
  52. Chinchero Chico Lepidocolaptes angustirostris
  53. Remolinera Cinclodes fuscus VISITANTE INVERNAL
  54. Hornero Furnarius rufus
  55. Curutié Colorado Certhiaxis cinnamomea
  56. Junquero Phleocryptes melanops
  57. Espinero Grande Phacellodomus ruber
  58. Tiodoro o Chororó Taraba major
  59. Cortarramas Phytotoma rutila VISITANTE INVERNAL
  60. Sobrepuesto Lessonia rufa VISITANTE INVERNAL
  61. Viudita o Pico de Plata Hymenops perspicillatus
  62. Picabuey Machetornis rixosus
  63. Suirirí Amarillo Satrapa icterophrys
  64. Benteveo Pitangus sulphuratus
  65. Piojito Gris Serpophaga nigricans
  66. Piojito Trinador Serpophaga griseicapilla
  67. Golondrina Ceja Blanca Tachycineta leucorrhoa
  68. Golondrina Cabeza Rojiza Stelgidopteryx fucata
  69. Ratona Común Troglodytes aedon
  70. Calandria Real Mimus triurus VISITANTE INVERNAL
  71. Zorzal Chalchalero Turdus amaurochalinus
  72. Zorzal Colorado Turdus rufiventris
  73. Tacuarita Azul Polioptila dumicola
  74. Juan Chiviro Cyclarhis gujanensis
  75. Celestino Común Thraupis sayaca
  76. Chiviro Pampa o Pepitero de Collar Saltator aurantiirostris
  77. Juan Chiviro o Pepitero Gris Saltator coerulescens
  78. Cardenal Común Paroaria coronata
  79. Cardenilla Paroaria capitata
  80. Chilenito o Corbatita Dominó Sporophila collares
  81. Chingolo Zonotrichia capensis
  82. Sietevestidos Poospiza nigrorufa
  83. Monterita Cabeza Negra Poospiza melanoleuca
  84. Chiviro de las pajas o Verdón Embernagra platensis
  85. Boyero Negro Cacicus solitarius
  86. Morajú o Tordo Renegrido Molothrus bonariensis
  87. Músico Molothrus badius
  88. Varillero Negro Agelaius cyanopus
  89. Varillero Congo Agelaius ruficapillus
  90. Chororó o Pecho Amarillo Común Pseudoleistes virescens
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POR SEGUNDO AÑO CONSECUTIVO, UNA INUNDACIÓN QUE DESAPARECE

Por segundo año consecutivo, la crecida del río Iguazú puso en alerta a todos los habitantes costeros del Paraná Medio y Delta. Esta vez el caudal de agua superó los 40 millones de litros por segundo y las imágenes que dieron la vuelta al mundo mostraron unas cataratas del Iguazú como nunca antes.

Sabemos que Brasil y Argentina llevan adelante políticas de devastación y saqueo de sus recursos naturales con el único fin de producir monocultivos de organismos genéticamente modificados y electricidad: sabemos cómo en los últimos 18 años se han perdidos ambientes naturales como jamás se ha visto: ni la Guerra del Caucho, ni la Forestal, ni el avance del algodón, el elliotis o la caña de azúcar pudieron igualarse con el ecocidio actual que padecen los territorios de la vasta cuenca del Plata. Sabemos cómo Brasil logró hacer desaparecer la totalidad de la selva paranaense y cómo escalonó con muros de hormigón todo el Alto Paraná, alterando para siempre los ecosistemas que dependían de los pulsos naturales del agua. Producto de tanto saqueo de recursos naturales, vimos por segundo año consecutivo esas imágenes escalofriantes: cómo en la crecida del río Iguazú se derramaban miles de metros cúbicos de agua dulce por segundo y cómo se perdían para siempre millones de toneladas de suelo fértil que se lavaron por razones previsibles y lamentables: las lluvias no tuvieron mejor momento de caer que al finalizar la cosecha de soja, cuando la superficie de los «campos» todavía se encontraba sin cobertura vegetal, ahí donde alguna vez hubo una selva que retenía agua, producía alimentos, madera, oxígeno, que disminuía el calentamiento global y mantenía la estructura normal de los ecosistemas… pero no producía dólares fáciles ni mucho menos electricidad.

El agua baja rápidamente y en el delta nos preocupamos por segundo año consecutivo. Los medios de comunicación locales nos alertan y en las rutas ya vemos los desfiles de camiones de traslado de hacienda hacia los pueblos costeros. El susto de unos es el gran negocio de otros, y los frigoríficos pagan lo que quieren con los puesteros y productores más asustados. El agua baja rápidamente y no se habla de otra cosa que no sea la crecida o el mundial de fútbol. Un puestero consigue sacar las vacas de la isla y alquilar un campo bajo donde no se va a sembrar trigo, otro consigue fardos a buen precio y un patio grande, otro desesperado vende todo por dos monedas, los más osados especulan manteniendo la hacienda en los albardones altos o los cerros que alguna vez construyeron los indígenas de las islas. Todo se moviliza con la creciente que viene: la prefectura, los medios, los barcos jaula, los camiones, las vacas, los caballos, las personas.

Pero curiosamente, contra todos los pronósticos, incluidos los del Instituto Nacional del Agua, la ola que venía a toda máquina desde el río Iguazú llegó a las puertas del Delta del Paraná y por segundo año consecutivo se desinfló, desapareció, no pasó de ser más que un invierno de río alto. Pasó de ser una «inundación importante» a ser una «creciente moderada».

¿El río se ha tragado el agua? ¿Se ha evaporado? ¡Desapareció!

Pero a esto no debemos buscarle explicaciones mágicas o especulativas. El Iguazú desbordó, los más de 40 millones de litros por segundo son un hecho, la crecida golpeó ferozmente al Alto Paraná entre la triple frontera y el muro de Yasyretá, pero lo que ha aminorado el impacto del agua no es sino uno de los grandes (gigantes) servicios que brindan los humedales del valle de inundación del Paraná Medio y Delta. Los humedales —esos ambientes productivos por sí mismos que alternan entre zonas y períodos secos, y zonas y períodos sumergidos— trabajan como una «esponja», reteniendo agua en las crecientes y liberándola lentamente cuando los pulsos de bajante lo necesiten.

Una laguna de las más pequeñas que encontramos en las islas, de menos de 200 metros de distancia entre sus orillas más lejanas y de menos de medio metro de profundidad, puede almacenar, purificar y, en caso de creciente, retener más de 4 millones de litros de agua dulce… y desde el muro de Yasyretá hacia abajo hay miles y miles de lagunas, de esponjas naturales, de espejos de agua dulce filtrando y reteniendo lo que han enviado las lluvias caídas en la cuenca del Iguazú.

De un desastre natural a una crecida moderada, gracias a los humedales.

Es indispensable defender estos ambientes naturales que, además de purificar contaminantes y retener gases de efecto invernadero, de proveer forraje, alimento, madera, medicina, polinizadores, oxígeno y agua potable, son muy efectivos para contener el agua en las prolongadas épocas de sequía y bajante como en los años 2008 y 2009, y las crecientes súbitas como las que en los dos últimos años acontecieron en la cuenca del río Iguazú debido a las políticas de saqueo ambiental que hicieron desaparecer la selva y alterar el normal escurrimiento de las aguas con muros de hormigón.

Pero los humedales del río Paraná no están a salvo de la mirada del sistema de producción de dinero. El Bajo Delta del Paraná es un claro ejemplo de cómo destruir un sistema de humedales para fomentar emprendimientos inmobiliarios y producción de cultivos de especies exóticas. Ahora las partes más altas del Delta también están en la mira de los servidores del dios dinero. Una empresa holandesa ha destruido miles de hectáreas de reserva de agua dulce en las islas ubicadas frente a Villa Constitución con el fin de producir organismos genéticamente modificados, para lo cual fumigan con agrotóxicos que controlan la proliferación de plantas nativas y levantan terraplenes para impedir que el agua dulce bañe esas tierras secadas de forma artificial. Aguas arriba de este inmenso endicamiento sojero, en las zonas cercanas a la conexión vial Victoria-Rosario, los empresarios ganaderos están terraplenando las islas con el consentimiento de los funcionarios públicos de la ciudad de Victoria. Allí la impunidad es tan grande que un famoso terraplenador rosarino que corta arroyos para secar lagunas, producir carne de vaca y poder acceder con su 4×4, se dio el lujo de amenazar penalmente a los ediles que intentaran defender las reservas de agua dulce de los humedales, contra los «permitidos ilegales» que otorga el intendente de la ciudad de Victoria. Otro intento de arrasar con los humedales para producir dinero ocurrió a fines de 2011: mediante la ley 10.092, el gobernador entrerriano de sueños presidenciales declaró a las islas fiscales como zonas improductivas, e intentó privatizarlas por un siglo —100 años— para entregarlas a una sociedad anónima arrocera.

Un oasis de vida entre un mar de fumigaciones y leucemias.

El pastizal pampeano y el espinal han sido desvastados: ya no existen el ñandú ni el puma, hoy ya no hay chañares, algarrobos ni talas… hoy hay soja en verano y trigo en invierno… y año siguiente soja en verano y trigo en invierno… y las salas de oncología de los hospitales públicos colmadas de santafesinos y entrerrianos de los pujantes pueblos sojeros de la pampa monocultivada. Si no despertamos a tiempo, ahora que el dinero va por el agua, también perderemos el Delta del Paraná, que es el límite sur de las reservas de agua dulce en superficie más grandes del mundo, que empiezan al norte del Gran Pantanal y terminan en el estuario del Río de la Plata, que han sido culpable —responsable natural— de que los más de 40 millones de litros de agua que bajaban por segundo desde la desmontada selva paranaense, no pasaran más que de ser una creciente moderada… por segundo año consecutivo.

El río Uruguay no corre la misma suerte por no tener un sistema de humedales que pueda aminorar el avance del agua como sí lo tiene el Paraná. Qué desgracia para nuestros hermanos costeros del «Río de los Pájaros». A nosotros, los paranaceros, nos alcanza con defender lo que tenemos, en cambio a ellos nos les queda más que luchar por recuperar la selva que cuenca arriba les fue arrebatada por la sed de dinero; no les queda en lo inmediato más que vaciar el lago del Salto Grande para que se aminore el impacto de lo que se viene; no les queda otra cosa que evacuarse de la orilla, ver cómo se va el esfuerzo de años de trabajo y resignarse a empezar a buscar tierras más altas, porque así lo mandan las ambiciones de pocos y horribles seres humanos.

Pobre de nosotros, los costeros del Delta del Paraná, si seguimos permitiendo que los políticos al servicio de los empresarios sigan autorizando y fomentando el avance de la destrucción de las islas. Es hora de despertar, de abrir los ojos; todavía estamos a tiempo. Por segundo año consecutivo los humedales frenaron una catástrofe… ¡Es tiempo de defender estas reservas de agua dulce!

Maximiliano Leo. Kayakista y maestro de escuela de Puerto Gaboto, el pueblito costero más hermoso del mundo.

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selva paranaense

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