FINAL DE LOS MARTES

Vi mis pies cansados, alternaban pasos para volver a casa, pisando ripiado y barro, pasando junto a la zanja. La luna ya estaba gigantesca y alumbraba entre los palos borrachos del Coronda… caminaba descansando por fin, trece horas después de salir esta mañana. Cansancio que pesa, cansancio que integra, cansancio que digna, cansancio que alivia, cansancio de ir volviendo a casa…

…y no sé si fue por la noche cálida, por las ranas que cantaban, por lo largo de las sombras de tener pocos faroles detrás y una luna gigantesca delante…

…no sé qué extraña mezcla se dio en ese momento, que me vi caminando lejos o bajando de una montaña, tal vez llegando a la zona de acampe de un lago del sur o caminando una huella rural, pero la pala al hombro se volvió mochila y me vi lejos, terminando un día de viaje…

Qué hermosos son los atardeceres de martes en Gaboto.

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